¿Qué es la disciplina?

La disciplina es un proceso que implica ser constantes en nuestras actividades, responsabilizarnos de los compromisos que tenemos, así como acordar y cumplir las reglas establecidas en nuestra familia. En este proceso es importante que se involucren las personas adultas que rodean a niñas y niños, para que todos juntos tengan constancia y claridad de las mismas reglas. La disciplina se establece desde los primeros años de vida, mediante el aprendizaje de las reglas familiares, hábitos de higiene y la responsabilidad gradual que se va dando a los niños conforme van creciendo. Es por lo tanto indispensable comenzar a inculcarles disciplina desde pequeñitos.

Tradicionalmente se ha entendido como un método para educar a los hijos, obligarlos a obedecer lo que padres y madres establecen dentro de un hogar, mediante la exigencia y los castigos. Esto sucede a través de otorgarles premios o castigos, sin que por ello, los niños que realizan lo que se les pide en determinado momento, lleguen a desarrollar un aprendizaje duradero. Es decir, premiar y castigar a un niño sólo pospone que éste llegue a responsabilizarse de sus acciones, puesto que no aprende las consecuencias lógicas de su conducta.

En nuestra cultura siguen siendo comunes los castigos corporales, como golpes y nalgadas, que tampoco ayudan a que los niños se hagan responsables de sus conductas; en ocasiones podrán provocar la eliminación de la conducta no deseada pero, al mismo tiempo, conllevan cargas de miedo y/o enojo. Otra práctica común consiste en castigar condicionando el afecto, por ejemplo, cuando le decimos a un niño, “si no te portas bien ya no te voy a querer”, “mira lo que hiciste: así no te quiero”. O bien, utilizando el miedo: “si sigues llorando te voy a dejar aquí con el señor de la tienda”. Nuevamente, este tipo de aprendizajes no ayuda a que los niños se hagan responsables, sino que simplemente provocan ansiedad, miedo o inseguridad.

Lo que resulta verdaderamente importante es que como padre, madre o persona adulta responsable de un infante, le comuniquemos que él es una persona valiosa y querida, pero que ciertas conductas que realiza no se pueden tolerar y que tienen consecuencias. Es decir, que debe y puede aprender a respetar las reglas, y que si no lo hace tendrá consecuencias, pero que no por eso dejará de ser un niño amado.

Las formas de educar a niños y niñas se deben ir adaptando según la edad. Nunca hay que olvidar que entre más intentemos explicarles aquello que hacen, más conscientes serán de su conducta. Si bien, al mismo tiempo, debemos ser claros y directos, es decir, adecuar al discurso a la edad del niño.

El uso de reglas en casa

Sólo después de que los padres hayan establecido de común acuerdo las reglas y las comuniquen claramente a todos los miembros de la familia, es posible establecer límites. Los límites son la forma de saber hasta dónde se tolera cierta conducta, y en qué momentos se considera inadecuada porque rompe las reglas establecidas. Podría decirse que los límites son fronteras que marcan lo permitido y lo no permitido, y las reglas son como ladrillos con los cuales se construyen los límites. Al establecer límites, ayudamos a los niños a tener claro cuáles son las conductas que se esperan de ellos y cuáles no. Otra ventaja de poner límites es que ayudan a los hijos a darse cuenta de que ellos son responsables de su conducta y, asimismo, que pueden aprender a visualizar otras alternativas.

Para el establecimiento de límites es necesario que los padres practiquen el autoconocimiento, es decir, que estén claros sobre cuáles son sus reacciones, necesidades, intereses y gustos; así como también acerca de lo que esperan de las demás personas.

Es importante mencionar que es muchas veces en el día a día cuando se establecen los límites, en el instante preciso en que sucede una cierta conducta indeseable; es decir, nos damos cuenta de que es necesario marcar un límite específico, cuando existe algún comportamiento que nos parece adecuado. Ello nos recuerda que no son únicamente los niños quienes están inmersos en un proceso de aprendizaje cotidiano, sino también los adultos: papá, mamá y todas aquellas personas involucradas en la educación.

Los límites permiten a niños y niñas saber qué se espera de ellos, constituyen una especie de guía que les indica cuáles comportamientos son o no adecuados tanto en casa como fuera de ella. Por ese motivo es muy importante que se platiquen las reglas previamente, de tal manera que todos los miembros de la familia sepan claramente cuáles son los límites establecidos. Esto permitirá que la vida cotidiana familiar sea consistente y uniforme.

Los límites en una familia y, por lo tanto, sus reglas, deben tener un cierto grado de flexibilidad. Deberán irse adaptando a las circunstancias y a los cambios que se vayan dando, por ejemplo: conforme van creciendo los hijos y las hijas, cuando llega una persona nueva a vivir en casa, etc. También es cierto que las reglas tampoco pueden ser totalmente flexibles, pues entonces pierden su finalidad. El secreto está en encontrar un punto medio, así como en experimentar diferentes estrategias que permitan a los niños moverse con libertad, probar, aprender y hacerse responsables, siempre dentro de los límites que indican respeto a los demás.

Recordar los derechos que cada miembro de la familia tiene, así como sus compromisos hacia los demás, puede ayudar a establecer el grado de flexibilidad, es decir, las reglas que pueden ser negociables y las que no. Por ejemplo, puede ser negociable el horario de ver televisión ciertos días de la semana, pero no es negociable que un niño vea un programa para adultos; en invierno puede ser negociable usar la chamarra azul en vez de la roja, pero no es negociable salir sin protegerse del frío.

En casa, ¿cuáles reglas pueden ser negociables y cuáles no?

A continuación se enumeran algunas recomendaciones para el establecimiento de límites:

  • Determinar entre todos las necesidades, gustos e intereses de cada uno
  • Confrontar las necesidades, gustos e intereses de cada persona y ver cuáles entran en conflicto
  • Negociar teniendo en cuenta los derechos de todos
  • Establecer reglas claras
  • Indicar cuáles son las consecuencias si no se cumplen las reglas y llevarlas siempre a cabo. Para lograrlo, las consecuencias deben ser: relacionadas con la conducta, proporcionadas, adecuadas a la edad. Por ejemplo, si el niño tira el jugo de naranja encima de la cama de su hermana, una consecuencia DESPROPORCIONADA y no relacionada sería prohibirle salir a jugar con sus amigos en la tarde, una consecuencia ADECUADA, sería que él mismo limpie la mancha de la cobija y el jugo que alcanzó derramarse en el piso.

Es importante tomar en cuenta las necesidades, gustos e intereses de niñas y niños, aunque ello no significa olvidar que son papá y mamá quienes establecen los límites. El objetivo primordial de la crianza es que los niños aprendan todo lo relacionado con aquello que desconocen: no saben cómo reaccionar o cómo comportarse ante ciertas situaciones, no saben aún cómo manejar sus sentimientos. La responsabilidad central de madres y padres es enseñarles.

*Artículo tomado de ¿Cómo educar a hijos e hijas sin lastimar? Manual para mamás, papás y cuidadores de niños y niñas menores de 10 años.

Enviándoles un cordial saludo

Aída Moreno A.

Shares

Tags: , ,



Back to Top ↑